Dom. Oct 25th, 2026
La Calzada La Naranja se convirtió en una pista de baile para celebrar la tradición sonidera con música tropical, convivencia y actividades culturales.
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Cumbias, salsa y danzón llenaron de música la Calzada La Naranja para celebrar una tradición que fortalece la identidad de los barrios y promueve la convivencia comunitaria.

La música tropical y el baile se apoderaron de la Calzada La Naranja, en Azcapotzalco, donde decenas de personas se reunieron para conmemorar el tercer aniversario del reconocimiento de la cultura sonidera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México.

Al ritmo de cumbias, danzones, salsa y otros géneros, vecinos de distintas generaciones participaron en esta celebración, que destacó la importancia de preservar una tradición arraigada en los barrios populares de la capital.

Desde el templete, los sonideros animaron la jornada mientras los asistentes ocuparon la calle para bailar y compartir una expresión cultural que forma parte de la identidad de numerosas comunidades.

Sonideros que mantienen viva una tradición

Entre los participantes destacó Sonido Fania de la Aguilera, uno de los pioneros de la cultura sonidera en la capital. Su representante expresó el orgullo de formar parte de Azcapotzalco y reconoció el legado de quienes abrieron camino para las nuevas generaciones de sonideros.

También participó Mauricio Romero, de Sonido Internacional, quien creció rodeado de discos y melodías gracias a la afición musical de su familia. Con el tiempo, adquirió sus primeros equipos de sonido, mezcladoras y bocinas para llevar la música tropical a las calles y colonias populares.

Romero destacó que la cultura sonidera ha trascendido fronteras y que algunos de sus exponentes han llevado esta tradición a otros países. Asimismo, explicó que el trabajo de un sonidero va más allá de reproducir canciones: implica ambientar, combinar ritmos y crear una experiencia para el público.

El baile como espacio de convivencia y bienestar

La celebración también mostró el papel social del baile dentro de las comunidades. Para Juana Villanueva, vecina de la zona, participar en estos encuentros representa una oportunidad para liberar el estrés, convivir con otras personas y encontrar un espacio de tranquilidad.

Su gusto por los ritmos tropicales la llevó a formar un club de baile, con el que comparte esta afición y fomenta la participación en los encuentros sonideros.

Estas actividades permiten que personas de distintas edades se reúnan alrededor de la música, fortalezcan sus vínculos y mantengan vivas las costumbres de sus barrios.

Música, cultura y recuperación de espacios públicos

Además de celebrar el legado sonidero, la jornada promovió la paz y la recuperación de los espacios públicos mediante actividades culturales y de convivencia.

Como parte de estas acciones, la Secretaría de Cultura pintó un mural dedicado al baile, la paz y la cultura, con el propósito de impulsar la apropiación comunitaria de los espacios y fomentar relaciones de convivencia entre los habitantes.

La conmemoración del tercer aniversario destacó que la cultura sonidera no solo representa una forma de entretenimiento, sino también una expresión colectiva que reúne música, baile, memoria e identidad popular.

La celebración en Azcapotzalco reafirmó la importancia de preservar la cultura sonidera como parte del patrimonio cultural de la Ciudad de México y como un punto de encuentro para sus comunidades.

Por DG

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