Sáb. Oct 24th, 2026
El ahuautle, el tequesquite y otros recursos lacustres representan una tradición alimentaria prehispánica que continúa viva en comunidades del Estado de México.
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La recuperación de los humedales del Lago de Texcoco favorece el regreso de especies acuáticas y contribuye a preservar alimentos tradicionales que forman parte de la identidad cultural de las comunidades del Valle de México.

El Lago de Texcoco resguarda una riqueza que va más allá de su biodiversidad: también conserva una tradición alimentaria que se remonta a la época prehispánica. Entre sus productos más representativos destacan el ahuautle, conocido como el caviar mexicano, y el tequesquite, una mezcla de sales minerales utilizada tradicionalmente en la cocina.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (AGRICULTURA), estos alimentos forman parte del patrimonio biocultural de las comunidades que históricamente han aprovechado los recursos naturales de la región.

La recuperación de los cuerpos de agua, los humedales y la vegetación del lago representa una oportunidad para proteger los ecosistemas y mantener vivos los conocimientos transmitidos de generación en generación.

Lago de Texcoco: biodiversidad y tradición ancestral

El Área Natural Protegida del Lago de Texcoco comprende poco más de 14 mil hectáreas en los municipios de Atenco, Texcoco, Chimalhuacán, Nezahualcóyotl y Ecatepec de Morelos, en el Estado de México.

Según el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 22 de marzo de 2022, el área alberga más de 250 especies de flora y 370 especies de fauna, lo que la convierte en un territorio relevante para la conservación de la biodiversidad.

Los trabajos de restauración buscan recuperar las funciones ecológicas del paisaje lacustre y mejorar las condiciones para las especies que dependen de estos ambientes. Entre los avances reportados por el Gobierno de México en agosto de 2025 se encuentran la presencia de más de 250 mil aves migratorias y alrededor de mil 800 hectáreas con cuerpos de agua.

Estos espacios proporcionan alimento, refugio y zonas de descanso para numerosas aves residentes y migratorias, además de favorecer la conservación de otros organismos acuáticos.

Ahuautle, el caviar mexicano que conserva su historia

El ahuautle es uno de los alimentos más representativos de la antigua tradición lacustre del Valle de México. El nombre se utiliza para referirse a los huevos de insectos acuáticos de la familia Corixidae, que se recolectan tradicionalmente en los lagos de la región.

Su importancia no se limita a su sabor y valor alimentario. También comprende las técnicas de recolección y preparación que las comunidades han conservado a lo largo del tiempo.

Este alimento refleja la relación histórica entre los pueblos ribereños y los ecosistemas acuáticos, cuyos recursos permitieron desarrollar formas de alimentación adaptadas a las condiciones naturales de la cuenca.

En localidades como Atenco, Chimalhuacán y Texcoco, el aprovechamiento de estos productos representa una expresión de identidad cultural y de los conocimientos tradicionales vinculados con el agua.

Tequesquite: una sal mineral presente en la cocina tradicional

Otro producto emblemático es el tequesquite, una mezcla de sales minerales que se ha utilizado desde tiempos antiguos como condimento y auxiliar en la preparación de alimentos.

Su aprovechamiento está relacionado con las características salinas de los suelos y cuerpos de agua de la cuenca del Valle de México. Junto con la sal de tierra y otros recursos lacustres, forma parte de las prácticas alimentarias desarrolladas por las comunidades de la región.

La permanencia de estos conocimientos permite reconocer cómo los habitantes aprovecharon los recursos disponibles en su entorno para crear técnicas culinarias propias.

Preservar el tequesquite significa también mantener viva una parte de la historia gastronómica mexicana, vinculada con los paisajes y las formas de vida que existieron alrededor de los antiguos lagos.

Espirulina y otros recursos del ecosistema lacustre

La riqueza alimentaria del Lago de Texcoco también incluye la espirulina, un alga conocida por su contenido de nutrientes y su potencial como recurso alimentario.

La investigación Alga Espirulina, Ahuautle, Sal de Tierra y Tequesquite: Expresiones de la Cultura Lacustre y Saberes Ancestrales en el Territorio Lago de Texcoco, publicada en agosto de 2026 por la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), aborda la relación entre estos productos, las tradiciones alimentarias y los conocimientos de las comunidades.

Estos recursos muestran la diversidad de alimentos que pueden obtenerse de los ecosistemas lacustres y la importancia de estudiar sus usos tradicionales desde una perspectiva cultural, científica y ambiental.

El regreso de especies acuáticas refuerza la importancia de los humedales

La recuperación ambiental del Lago de Texcoco también se relaciona con la conservación de la fauna acuática. Entre las especies mencionadas se encuentra el mexcalpique (Girardinichthys viviparus), un pequeño pez de agua dulce catalogado en peligro de extinción cuya presencia se ha reportado nuevamente en las aguas de Texcoco.

La conservación de especies como esta depende de mantener condiciones ambientales adecuadas, proteger sus hábitats y favorecer la recuperación de los cuerpos de agua.

En estas labores participan instituciones como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua), junto con la comunidad científica y los habitantes de la región.

Proteger el lago también significa preservar la cultura

La recuperación del Lago de Texcoco representa una oportunidad para unir la conservación ambiental con la protección del patrimonio cultural. Los humedales no solo cumplen funciones ecológicas: también están vinculados con la alimentación, la historia y los conocimientos de las comunidades que habitan sus alrededores.

El ahuautle, el tequesquite, la espirulina y la sal de tierra son ejemplos de cómo los recursos naturales han formado parte de la vida cotidiana de los pueblos del Valle de México durante generaciones.

Conservar el Lago de Texcoco significa proteger su biodiversidad y mantener vivas las tradiciones gastronómicas que forman parte de la identidad biocultural de México.

Por DG

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