Gracias a un esfuerzo histórico, el país logra producir todo el frijol que consume, fortaleciendo la seguridad alimentaria y el campo mexicano.
México ha dado un paso histórico en su seguridad alimentaria: ha recuperado la autosuficiencia en frijol, un alimento fundamental en la dieta nacional. Esta meta, que parecía un reto ambicioso, se ha logrado gracias al trabajo conjunto del gobierno y miles de productores en todo el país.
La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, celebró el logro: “Este es un triunfo de nuestras y nuestros productores, quienes con esfuerzo, conocimiento y amor por nuestra tierra hacen posible que el frijol que llega a nuestra mesa sea completamente mexicano”.
El programa clave detrás de este éxito es Prosebien (Semillas del bienestar), que distribuye semilla de alta calidad a los pequeños productores, principalmente en estados como Zacatecas, Durango y Nayarit. Más de 110 mil agricultores con hasta 10 hectáreas han recibido apoyo directo, lo que ha permitido aumentar los rendimientos en un 42%.
El impacto es tangible: anteriormente, 3 de cada 10 kilos de frijol consumidos en México eran importados. Hoy, el país produjo 1.2 millones de toneladas en el ciclo 2025, alcanzando el 100% de autosuficiencia.
El frijol no es solo un alimento estratégico, sino también un pilar nutricional:
- Proteína vegetal completa: esencial al combinarse con cereales como el maíz.
- Fibra y digestión saludable: ayuda a controlar el azúcar en la sangre.
- Hierro y minerales: previene anemia y fortalece el sistema inmunológico.
- Bajo en grasas: ideal para la salud cardiovascular, sin colesterol.
El siguiente paso, enfatiza la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué Sacristán, es garantizar que este éxito se traduzca en bienestar económico para los productores:
- Distribución de fertilizantes gratuitos al 100% de los pequeños agricultores.
- Mejor comercialización, evitando la venta directa a bajo precio “a pie de campo”.
- Agregación de valor, para que las ganancias permanezcan en las comunidades rurales.
Con este logro, México reafirma que su historia también se escribe en la mesa. Hoy, más que nunca, consumir frijol mexicano es un acto de orgullo, tradición y soberanía alimentaria.
