La selección africana afronta el Mundial 2026 con la meta de demostrar que su hazaña en Qatar no fue casualidad, mientras fortalece su proyecto de cara a la Copa del Mundo que organizará junto a España y Portugal.
La selección de Marruecos se presenta al Mundial 2026 con una doble misión: consolidar su lugar entre las potencias emergentes del fútbol y sentar las bases de cara a la Copa del Mundo de 2030, donde será uno de los anfitriones. Tras su histórica actuación en Qatar 2022, donde alcanzó las semifinales, el equipo africano quiere demostrar que aquel logro fue el inicio de una nueva era.
El crecimiento del combinado marroquí no es casualidad. En los últimos años, el país ha construido un proyecto sólido que combina talento local con futbolistas nacidos en el extranjero, quienes han decidido representar sus raíces. Este modelo ha dado resultados visibles tanto en selecciones mayores como juveniles.
Además, la cercanía del Mundial 2030 funciona como un incentivo clave para atraer talento. Como explicó en su momento el exseleccionador Walid Regragui: «No es solo una cuestión de corazón, también es un proyecto deportivo ambicioso con metas claras a futuro».
En paralelo, Marruecos trabaja en el desarrollo de infraestructura de primer nivel, con estadios modernos que aspiran a albergar partidos históricos del torneo. Incluso existe la ambición de ser sede de la final, lo que refleja el nivel de aspiración del país.
El equipo también llega motivado por su papel como referente del fútbol africano, siendo pionero en múltiples hitos mundialistas. Ahora, el desafío es sostener ese crecimiento en 2026 y llegar en plenitud a 2030, cuando el mundo del fútbol pondrá sus ojos nuevamente en territorio marroquí.
