Un envase de plaguicida aparentemente vacío puede conservar residuos del producto, por lo que su manejo adecuado es fundamental para proteger la salud y el medio ambiente.
Los envases vacíos de plaguicidas agrícolas no deben considerarse residuos comunes. Aunque después de utilizar el producto parezcan completamente vacíos, pueden conservar restos que representan un riesgo si son abandonados en el campo, reutilizados o manejados de manera incorrecta.
Uno de los principales problemas ocurre cuando estos recipientes son utilizados para almacenar agua o alimentos. También existe el riesgo de que los envases intactos sean recolectados para actividades de comercio ilegal o reutilizados para reenvasar productos.
Por ello, las autoridades y el sector agrícola promueven el procedimiento conocido como “lava, perfora y entrega”, una práctica destinada a reducir los residuos presentes en los recipientes y evitar que vuelvan a utilizarse.
“Un solo envase mal lavado puede ser el foco de intoxicaciones o contaminación del suelo y los mantos acuíferos por años.”
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural señala que un envase que parece vacío puede conservar hasta 1.5% del producto original. Por esta razón, el manejo debe comenzar inmediatamente después de terminar la preparación de la mezcla utilizada para la aplicación agrícola.
El triple lavado
El primer paso consiste en realizar un triple lavado del envase. Este procedimiento puede eliminar hasta 99% de los residuos tóxicos cuando se realiza correctamente.
Para comenzar, se debe llenar aproximadamente una cuarta parte del recipiente con agua limpia, agitarlo vigorosamente y vaciar el líquido directamente en el tanque del aspersor, aprovechando así el contenido dentro de la aplicación correspondiente.
El procedimiento debe repetirse una segunda vez, procurando agitar el envase con la tapa hacia abajo para que el agua alcance sus diferentes superficies.
Finalmente, se realiza un tercer lavado. El recipiente vuelve a llenarse hasta una cuarta parte, se agita de lado a lado y el líquido se incorpora nuevamente al tanque de mezcla.
Perforar para evitar su reutilización
Después del lavado, el envase debe perforarse para impedir que pueda volver a utilizarse para almacenar líquidos o alimentos.
Esta acción también dificulta que los recipientes sean destinados al reenvasado o comercialización ilegal de productos agrícolas. Las tapas deben mantenerse separadas de los envases.
Entregar en un centro de acopio
Una vez lavados y perforados, los recipientes deben mantenerse temporalmente en un sitio seguro, alejado de viviendas, alimentos y fuentes de agua. Se recomienda colocarlos en bolsas transparentes para facilitar su manejo.
El último paso consiste en llevarlos a un Centro de Acopio Temporal (CAT) autorizado para recibir este tipo de residuos. De esta manera, los envases pueden recibir un manejo adecuado y, cuando corresponde, incorporarse a procesos de reciclaje.
La regla de “lava, perfora y entrega” busca convertir una acción sencilla después del uso de un plaguicida en una medida de prevención para reducir riesgos de contaminación y evitar que los envases tengan un segundo uso peligroso.
