Especialistas destacan que esta oleaginosa puede convertirse en una aliada para los productores mexicanos gracias a su adaptabilidad, rentabilidad y aportes ambientales.
Ante los efectos cada vez más evidentes del cambio climático en el campo mexicano, productores y especialistas buscan alternativas que permitan mantener la productividad agrícola sin comprometer los recursos naturales. En ese escenario, la canola se perfila como una de las opciones más prometedoras por su capacidad de adaptarse a condiciones extremas y generar beneficios tanto económicos como ambientales.
Esta planta oleaginosa, reconocida por sus llamativas flores amarillas, se caracteriza por soportar bajas temperaturas, granizadas e incluso periodos de escasez de agua. Gracias a estas cualidades, ha despertado el interés de agricultores que buscan reducir riesgos frente a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes.
«La canola no viene a sustituir el orgullo de nuestras tradiciones, sino a ser una compañera de viaje en estos tiempos de cambio climático», destaca la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural al promover las ventajas de este cultivo.
Originaria de programas de mejoramiento desarrollados en Canadá a partir de la colza, la canola llegó a México durante la década de 1970. Con el paso de los años, investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) desarrollaron variedades adaptadas a las condiciones agroecológicas del país.
Además de su resistencia, la canola ofrece múltiples usos productivos. Su semilla permite obtener un aceite vegetal de alta calidad utilizado en la industria alimentaria, mientras que los residuos del cultivo pueden aprovecharse como forraje para el ganado. Asimismo, su aceite puede emplearse en la producción de biodiésel, contribuyendo al desarrollo de energías más limpias.
Uno de los principales beneficios de la canola es su impacto positivo sobre el suelo. Sus raíces profundas ayudan a descompactar la tierra de manera natural, favorecen la aireación y contribuyen a romper ciclos de plagas y enfermedades cuando se utiliza en esquemas de rotación agrícola.
Otro aspecto relevante es su menor demanda de agua en comparación con algunos cultivos tradicionales. Esta característica la convierte en una alternativa atractiva para regiones afectadas por sequías o con disponibilidad limitada de recursos hídricos.
La planta también beneficia a los ecosistemas locales al funcionar como un cultivo melífero. Sus flores atraen a las abejas y otros polinizadores, fortaleciendo la biodiversidad y favoreciendo procesos esenciales para la producción agrícola.
Desde el punto de vista económico, la canola mantiene una demanda constante en los mercados nacionales e internacionales debido a que entre 40 y 44 por ciento de su grano está compuesto por aceite de alta calidad. Además, sus costos de establecimiento suelen ser menores que los de algunos cereales tradicionales y sus precios presentan una relativa estabilidad.
Actualmente, México cuenta con amplias zonas con potencial para el cultivo de canola. Estados como Chihuahua, Zacatecas, Guanajuato, Puebla, Durango, Hidalgo, Michoacán y San Luis Potosí concentran gran parte de las superficies aptas para su desarrollo.
Con estas características, la canola emerge como una opción que combina sostenibilidad, productividad y rentabilidad, ofreciendo nuevas oportunidades para los productores que buscan adaptarse a las condiciones que impone el cambio climático.
