Dom. Sep 6th, 2026
Campesinas y campesinos de Puebla conservan los cultivos tradicionales que dan vida al chile en nogada.
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El trabajo de cientos de familias campesinas permite conservar el chile poblano, la nuez de Castilla y otros ingredientes esenciales de uno de los platillos más representativos de México.

En las parcelas de la región Izta-Popo, en Puebla, la tradición del chile en nogada comienza mucho antes de llegar a la mesa. Ahí, cientos de familias campesinas trabajan durante todo el año para conservar las semillas y cultivar los productos que dan identidad a este platillo emblemático de la gastronomía mexicana.

Son 795 campesinas y campesinos que participan en Sembrando Vida quienes mantienen cultivos tradicionales como el chile poblano nativo, la nuez de Castilla, la manzana panochera, el durazno criollo y la granada. Estos productos crecen en las comunidades cercanas al Popocatépetl y la Iztaccíhuatl y posteriormente se reúnen en una misma preparación.

En municipios como San Martín Texmelucan, Calpan, Chiautzingo y San Salvador el Verde, las Comunidades de Aprendizaje Campesino promueven la conservación de semillas criollas y la diversificación de las parcelas, prácticas que permiten fortalecer la producción local y preservar conocimientos transmitidos entre generaciones.

Uno de los productores que participa en esta labor es Margarito Castillo Chico, quien lleva 35 años cultivando chile poblano. Con el acompañamiento de Sembrando Vida incorporó otros cultivos como maíz, frijol, habas y árboles frutales, además de complementar las actividades agrícolas con la crianza de animales.

La diversidad de cultivos también representa una forma de reducir los riesgos para las familias productoras. Cuando una cosecha tiene dificultades, otros productos pueden contribuir a mantener sus ingresos y alimentación.

Al finalizar cada temporada, Margarito selecciona los mejores chiles para obtener las semillas que utilizará en el siguiente ciclo agrícola. El método de conservación se mantiene de acuerdo con los conocimientos heredados de generaciones anteriores.

La protección de estas variedades nativas tiene además un valor importante para la agrobiodiversidad mexicana. Al conservar sus propias semillas, las comunidades pueden reproducir cultivos adaptados a las condiciones de su territorio y fortalecer su autonomía productiva.

La misma labor ocurre con la nuez de Castilla. Gerardo Sánchez Analco, productor de 70 años, conserva nogales que forman parte de la historia de su familia. Algunos de los árboles que cuida fueron plantados hace más de cuatro décadas y continúan proporcionando la nuez utilizada para preparar la tradicional nogada.

Los sistemas agroforestales impulsados por Sembrando Vida permiten combinar distintos cultivos dentro de una misma parcela. De esta manera, maíz, frijol, chile y árboles frutales pueden convivir en el mismo espacio, fortaleciendo la diversidad agrícola.

Así, cada temporada de chiles en nogada también representa el resultado del trabajo campesino: semillas seleccionadas, árboles cuidados durante décadas, parcelas recuperadas y conocimientos que pasan de una generación a otra.

«Cada año escogemos los puros de primera, especialmente para sembrar», explica Margarito Castillo Chico sobre la selección de las semillas de chile poblano para el siguiente ciclo.

Por DG

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