Dom. Nov 8th, 2026
La colonia Nueva Santa María mantiene casas de estilo californiano, calles arboladas y comercios históricos, mientras sus habitantes buscan preservar su identidad urbana.
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Entre casas de estilo californiano, comercios históricos y espacios de convivencia, habitantes de la colonia buscan proteger su identidad frente al crecimiento inmobiliario y el deterioro urbano.

Con más de ocho décadas de historia, la colonia Nueva Santa María, en la alcaldía Azcapotzalco, mantiene una lucha por conservar su imagen tradicional. Sus calles amplias, camellones arbolados y viviendas de estilo californiano forman parte de una identidad que sus habitantes han defendido durante generaciones.

Aunque con el paso de los años se han incorporado nuevos edificios y establecimientos, la organización vecinal ha sido fundamental para preservar las características urbanas y sociales de este barrio, cuyo origen se remonta a la década de 1940.

La historia de la colonia está relacionada con el crecimiento industrial de la Ciudad de México. La instalación de fábricas en Vallejo, la actividad ferroviaria y posteriormente la operación de la refinería de Azcapotzalco favorecieron la llegada de nuevas familias a una zona que anteriormente conservaba características rurales y agrícolas.

Parque Revolución y los comercios que conservan la historia

La identidad de la Nueva Santa María se construyó alrededor de sus espacios públicos y negocios tradicionales. Uno de sus principales símbolos es el parque Revolución, punto de encuentro para distintas generaciones de habitantes.

También destaca la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en la esquina de Plan de San Luis y Clavelinas, que se convirtió en uno de los lugares representativos de la comunidad.

A estos espacios se suman establecimientos que han acompañado el desarrollo de la colonia durante décadas, como la panadería La Patricia, la paletería La Michoacana, el restaurante El Paisa, conocido por sus costillas al carbón, y la peluquería Regis.

De acuerdo con los testimonios vecinales, estos comercios forman parte de la memoria colectiva de la zona y representan una conexión entre sus primeros habitantes y las nuevas generaciones.

La heladería del parque también es uno de los negocios antiguos, pues, según el pie de fotografía publicado por La Jornada, funciona desde 1952.

Una colonia donde los vecinos eran como una familia

José Zárate, quien nació y ha vivido toda su vida en la Nueva Santa María, recuerda que sus abuelos llegaron desde Santa María la Ribera después de conocer el proyecto habitacional.

La distribución de las calles y las condiciones que ofrecía la zona para establecer un hogar fueron algunos de los motivos que los llevaron a instalarse ahí.

Una historia similar comparte Patricia Calderón, cuya familia suma tres generaciones en la colonia. Sus abuelos llegaron desde otros puntos de la capital y encontraron un lugar para construir su patrimonio y desarrollar una vida comunitaria.

Ambos recuerdan especialmente la convivencia que existía durante los años ochenta. Los niños podían jugar en las calles, andar en bicicleta, patinar, organizar partidos de futbol y participar en juegos tradicionales como el bote pateado.

“Éramos como una familia enorme”, relata Zárate al recordar que los menores podían entrar a las casas de otros vecinos para tomar agua, mientras los padres conocían a las familias con las que convivían sus hijos.

Las reuniones en domicilios particulares eran una de las principales formas de entretenimiento entre los jóvenes. También había establecimientos con máquinas de videojuegos, donde se reunían para jugar títulos como Pac-Man.

El parque Revolución enfrenta problemas de mantenimiento

El parque Revolución fue durante décadas uno de los principales escenarios de convivencia familiar. Ahí se organizaban cumpleaños infantiles, reuniones y actividades recreativas alrededor de sus áreas verdes.

En el centro del parque existió una fuente que posteriormente fue sustituida por una estructura de cantera, donde actualmente se encuentra el kiosco, uno de los elementos representativos del lugar.

En la actualidad, el espacio cuenta con actividades como clases de yoga y zumba, aparatos para ejercitarse y juegos infantiles. Sin embargo, habitantes consideran que ha perdido parte de su atractivo debido a la falta de mantenimiento, vigilancia y atención al arbolado, afectado por la presencia de muérdago.

Organización vecinal contra el crecimiento inmobiliario

Uno de los principales retos para la colonia ha sido la expansión inmobiliaria. Leticia Villegas recuerda que durante la segunda década del siglo XXI comenzaron a aparecer los primeros edificios construidos sobre terrenos donde anteriormente había viviendas unifamiliares.

Según su testimonio, algunos inmuebles rebasaron los niveles permitidos por la normativa, que establece un máximo de tres pisos en las zonas señaladas, mientras que ciertas construcciones llegaron hasta seis niveles.

Ante esta situación, los habitantes comenzaron a organizarse para conocer las disposiciones de ordenamiento territorial y las medidas de protección civil que les permitieran defender las características de su colonia.

“En 2014 nos unimos varios vecinos, no conocíamos de las normas de ordenamiento territorial ni nada, pero aprendimos hasta de protección civil”, comenta Villegas.

La vecina explica que, aunque algunos edificios lograron construirse, la organización comunitaria consiguió detener otros proyectos que consideraban irregulares.

Vecinos también se movilizaron contra los parquímetros y el proyecto de El Mural

La participación ciudadana no se ha limitado a las construcciones inmobiliarias. La comunidad también se organizó para impedir la instalación de parquímetros en la colonia.

Otro episodio relevante ocurrió el año pasado, cuando habitantes se movilizaron para evitar que el predio conocido como El Mural, ubicado en la calle Eulalia Guzmán, fuera destinado a un albergue para personas migrantes.

Después de distintas movilizaciones y mesas de trabajo, el proyecto fue modificado. De acuerdo con los vecinos, en el inmueble se instalará una casa de cuidados que contempla espacios para actividades artísticas y culturales, además de auditorios y aulas.

Estos acontecimientos reflejan la capacidad de organización de los residentes, quienes han intervenido cuando consideran que determinados proyectos pueden modificar la dinámica de su comunidad.

Seguridad y servicios públicos, entre los pendientes de la colonia

A pesar de que la Nueva Santa María todavía es considerada por sus habitantes como una zona relativamente tranquila, existen preocupaciones relacionadas con el robo de autopartes y la vigilancia en las calles.

La convivencia también ha cambiado respecto a décadas anteriores. El aumento de población, la apertura de nuevos establecimientos y las distintas formas de utilizar los espacios públicos han generado diferencias entre residentes por temas como la basura, el estacionamiento y el mantenimiento de áreas comunes.

Entre las necesidades que identifican los habitantes se encuentran la rehabilitación del pavimento, la revisión de las redes hidráulicas y de drenaje, así como la atención de los socavones que aparecen en algunas vialidades.

También consideran necesario recuperar el arbolado y mejorar las condiciones de los espacios públicos para conservar el entorno que caracteriza a la colonia.

Una identidad que sus habitantes buscan preservar

La Nueva Santa María ha cambiado durante sus más de 80 años de existencia, pero conserva elementos que la distinguen dentro de Azcapotzalco: sus casas tradicionales, calles arboladas, comercios históricos y espacios de convivencia.

La organización de sus habitantes ha sido una de las principales herramientas para defender esa identidad frente a los cambios urbanos. Ahora, el desafío consiste en atender los problemas de infraestructura, seguridad y mantenimiento sin perder el carácter de barrio que ha acompañado a varias generaciones.

Por DG

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