Sáb. Jun 13th, 2026
Achraf Hakimi lidera una selección construida a partir del talento de jugadores marroquíes desarrollados en distintas partes del mundo. / Imagen Tomada de: ESPN
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El éxito deportivo de los Leones del Atlas es el resultado de una estrategia que combina talento internacional, identidad nacional e inversión en desarrollo futbolístico.

El ascenso de Marruecos en el futbol internacional no es producto de la casualidad. Detrás de los resultados obtenidos en los últimos años existe un proyecto cuidadosamente diseñado que ha permitido al país africano aprovechar el potencial de millones de ciudadanos y descendientes marroquíes que viven fuera de sus fronteras.

La histórica semifinal alcanzada en el Mundial de Qatar 2022 fue el reflejo más visible de una estrategia que comenzó mucho antes y que hoy sigue dando resultados. La selección marroquí ha logrado construir una identidad competitiva gracias a la integración de jugadores nacidos o formados en países europeos, especialmente en Francia, Bélgica, Países Bajos y España.

Lejos de tratarse de una medida improvisada, la Federación Real Marroquí de Futbol desarrolló durante años una red internacional de observación y seguimiento para identificar talentos con raíces marroquíes y convencerlos de representar al país de sus familias.

«Lo importante no son las personas, sino la fortaleza del proyecto institucional», ha señalado en diversas ocasiones la dirigencia del futbol marroquí al explicar la continuidad de este modelo deportivo.

La estrategia ha permitido incorporar futbolistas de primer nivel como Achraf Hakimi, Hakim Ziyech y Noussair Mazraoui, jugadores que crecieron en academias europeas y que posteriormente eligieron vestir la camiseta de Marruecos en competiciones internacionales.

El trabajo no se limita a captar talento en el extranjero. Paralelamente, Marruecos ha invertido importantes recursos en el fortalecimiento de su estructura deportiva nacional. La Academia Mohammed VI se ha convertido en uno de los principales centros de formación del continente africano y funciona como un complemento fundamental para el desarrollo de jóvenes futbolistas locales.

Gracias a esta combinación entre talento de la diáspora y formación nacional, la selección ha conseguido mantener una base sólida y competitiva en todas las categorías.

«Nuestra intención es que los jugadores se sientan identificados con el país y comprendan que forman parte de un proyecto que trasciende una generación», fue una de las ideas que impulsó el trabajo realizado durante los últimos años.

Los resultados respaldan esa visión. Además del histórico cuarto lugar en Qatar 2022, Marruecos ha logrado consolidarse como una de las potencias africanas más consistentes y recientemente fortaleció su prestigio internacional con destacadas actuaciones en torneos juveniles.

Uno de los ejemplos más recientes fue la generación que brilló en el Mundial Sub-20, donde varios futbolistas nacidos fuera de Marruecos demostraron el impacto positivo que ha tenido esta política de integración deportiva.

Ahora, con Mohamed Ouahbi al frente del proyecto tras la salida de Walid Regragui, el objetivo es mantener la misma línea de trabajo de cara al Mundial 2026. La intención es que el cambio de entrenador no afecte una estructura que ha sido construida durante más de una década.

Marruecos afrontará la Copa del Mundo con la ambición de confirmar que lo sucedido en Qatar no fue una sorpresa pasajera. Con una generación talentosa, una identidad bien definida y una estrategia respaldada por años de planificación, los Leones del Atlas buscan consolidarse como una referencia mundial dentro y fuera del continente africano.

Por DG

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