Las Escuelas de Campo impulsan el uso de bioinsumos elaborados con residuos orgánicos para restaurar la fertilidad de las parcelas mexicanas.
El aprovechamiento de las lombrices rojas californianas se consolida como una alternativa eficaz para mejorar la salud de los suelos y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos. A través del proceso de lombricompostaje, estos organismos generan un lixiviado rico en nutrientes y microorganismos benéficos que fortalece el desarrollo de los cultivos.
El biofertilizante aporta nitrógeno, fósforo, potasio y diversos micronutrientes, además de enzimas y aminoácidos que favorecen la absorción de nutrientes y la resistencia natural de las plantas. Su aplicación contribuye a incrementar la materia orgánica, mejorar la estructura del suelo y prevenir la acumulación de sales.
“Esta suma de esfuerzos demuestra que la ciencia y el saber tradicional pueden unirse para recuperar la fertilidad de nuestra tierra a bajo costo y con insumos que ya se encuentran en las propias parcelas”, destacó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural en su más reciente informe.
La difusión de estas prácticas se realiza mediante las Escuelas de Campo, donde productores y especialistas intercambian conocimientos para impulsar sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. El modelo cuenta con el respaldo de instituciones académicas y de las representaciones estatales del sector agropecuario.
