Su capacidad para ahorrar agua y recuperar los suelos lo convierte en un aliado estratégico ante los efectos de la crisis climática.
La creciente variabilidad climática ha impulsado a numerosos productores a buscar cultivos más resistentes y rentables. En este contexto, el girasol destaca por su adaptación a distintos ambientes y por su capacidad para prosperar con menor disponibilidad de agua.
Sus raíces profundas favorecen la recuperación de los suelos compactados y permiten aprovechar la humedad y los nutrientes presentes a mayor profundidad. Además, el cultivo ofrece diversas oportunidades comerciales, ya sea para la producción de aceite, semillas, flores de ornato o insumos para las industrias alimentaria y cosmética.
“El girasol es un cultivo de impacto circular: nutre la tierra, alimenta a las personas, sirve de forraje para los animales y se convierte en el hotel perfecto para los polinizadores”, destacó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
Gracias a estas características, el girasol se perfila como una herramienta de reconversión productiva que contribuye a la sostenibilidad del campo mexicano y al bienestar de las familias agricultoras.

