Los Seahawks dominaron 29-13 a New England con presión constante sobre Drake Maye y una actuación impecable de Jason Myers para quedarse con su segundo título de la NFL.
Los Seattle Seahawks sellaron una noche memorable al imponerse 29-13 sobre los New England Patriots en el Super Bowl LX, conquistando así el segundo campeonato de su historia.
La clave estuvo en la defensa. El conjunto dirigido por Mike Macdonald presionó sin descanso al quarterback rival y marcó el ritmo desde el inicio. El coordinador defensivo Aden Durde ordenó constantes cargas sobre Drake Maye, quien fue capturado en seis ocasiones y sufrió dos intercepciones, además de perder dos balones sueltos.
En ofensiva, Sam Darnold tuvo una actuación eficiente en su debut en un Super Bowl. Superó las 200 yardas por pase, lanzó un touchdown y evitó errores determinantes. Su conexión con A.J. Barner en el último cuarto terminó por asegurar el resultado.
El ataque terrestre también fue determinante. Kenneth Walker III superó las 130 yardas en más de 20 acarreos, desgastando a la defensa de New England. Además, el pateador Jason Myers tuvo una noche perfecta al convertir cinco goles de campo, sumando puntos clave en momentos decisivos.
Del lado de los Patriots, Maye completó 22 de 37 pases para 240 yardas y dos anotaciones, con envíos de touchdown a Mack Hollins y Rhamondre Stevenson, pero el equipo nunca logró establecer consistencia ofensiva. En la primera mitad, ni siquiera alcanzaron la zona roja.
El entrenador Mike Vrabel se quedó a un paso de hacer historia como campeón del Super Bowl tanto como jugador y como entrenador con la misma franquicia. En cambio, Seattle celebró una revancha largamente esperada tras la derrota sufrida ante New England en el Super Bowl XLIX once años atrás.
Con este triunfo, los Seahawks suman su segundo Trofeo Lombardi, mientras que los Patriots permanecen con seis campeonatos, empatados históricamente con los Pittsburgh Steelers como las franquicias más ganadoras en la era del Super Bowl.
