En la Sierra Tarahumara, municipio de Guadalupe y Calvo, mujeres indígenas organizadas en Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) del Programa Sembrando Vida crearon la cooperativa “Sabor y Tierra: Mujeres del Pinole Mixto Siete Millas”, transformando maíz nativo y otras semillas en un producto de valor agregado.
Producción y valor agregado
La cooperativa recibe acompañamiento técnico y apoyo mensual, además de recursos adicionales para la adquisición de maquinaria. Con 150 mil pesos de inversión, compraron una pulverizadora industrial, mejorando la molienda y la calidad del producto.
El Pinole Mixto Siete Millas integra siete semillas nativas y criollas: maíz, haba, chícharo, alubia, avena, trigo y lenteja, alcanzando entre 15 y 25 gramos de proteína por cada 100 gramos, convirtiéndose en un alimento nutritivo, versátil y culturalmente significativo.
Impacto social y económico
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Genera empleo formal para 20 mujeres, 15 de ellas sin experiencia laboral previa.
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Compra semillas a otras sembradoras locales, beneficiando a 180–200 mujeres productoras.
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Provee pinole al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), fomentando la compra pública.
Liderazgo femenino y justicia social
La cooperativa refleja cómo el Programa Sembrando Vida promueve la organización de mujeres rurales, fomenta la autonomía económica, el liderazgo colectivo y cierra brechas de desigualdad de género. En Chihuahua, 7,988 mujeres forman parte del padrón de Sembrando Vida, y el 40% participa activamente en comités y comisiones.
“La justicia social en el campo pasa por cerrar brechas de desigualdad de género y construir un modelo donde las mujeres sean dueñas de su producción, de su ahorro y de su vida presente y futura”, subrayan las autoridades del programa.
Este proyecto es un ejemplo claro de cómo las mujeres transforman la producción rural en oportunidades de desarrollo, bienestar y seguridad alimentaria para sus comunidades.