El delantero mexicano fue apartado del proyecto tras tensiones internas y decisiones técnicas; hoy entrena por separado y sin equipo definido a pocos meses de la Copa del Mundo.
La relación entre Hirving Lozano y San Diego FC pasó de ser el fichaje insignia del proyecto a una ruptura definitiva en menos de dos temporadas. El atacante llegó procedente del PSV Eindhoven como el primer Jugador Designado del club, con un contrato millonario y la responsabilidad de convertirse en referente deportivo y comercial.
Con el paso de los meses, comenzaron a surgir tensiones internas. Personas cercanas al entorno del equipo señalaron diferencias en el vestidor y cuestionamientos sobre su integración al grupo. Aunque Lozano aportó asistencias y momentos desequilibrantes, perdió protagonismo frente a otros compañeros que asumieron el liderazgo ofensivo.
El episodio decisivo ocurrió el 4 de octubre, cuando el técnico Mikey Varas lo sustituyó al medio tiempo ante el Houston Dynamo. La reacción del mexicano derivó en una confrontación que marcó el rumbo de la temporada. El equipo remontó ese encuentro sin él en el campo y el respaldo institucional se inclinó hacia el entrenador.
Semanas más tarde, Varas dejó clara la postura del club: “Como institución, desde la directiva hasta el cuerpo técnico, entendimos que lo mejor para ambas partes era tomar caminos distintos. Hirving sabe cuál es nuestra decisión y no cambiará”.
Desde entonces, el delantero entrena por separado mientras su futuro se mantiene en suspenso. Con el Mundial 2026 cada vez más cerca y sin actividad oficial desde noviembre, el panorama deportivo del mexicano luce incierto.
