Sáb. Mar 7th, 2026
Niñas y científicas participando en actividades académicas que fomentan la curiosidad y el interés por la investigación.
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Desde hace una década, cada 11 de febrero conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia como una invitación a mirar a la ciencia desde una perspectiva más amplia y humana. No solo se trata de celebrar descubrimientos científicos o avances tecnológicos que han tenido las mujeres a lo largo de la historia, sino de reconocer que, a pesar de los obstáculos históricos y sociales, han contribuido de manera fundamental al conocimiento científico.

Este día también es un recordatorio de que la ciencia necesita diversidad para crecer y que la igualdad de género sigue siendo un objetivo por alcanzar.

A lo largo de la historia, la ciencia se ha construido a partir de múltiples saberes y experiencias, no únicamente desde las aulas, laboratorios o instituciones formales.

Muchas mujeres desarrollaron un conocimiento profundo de su entorno a partir de la observación, la práctica y la transmisión de saberes. Junto con ellas, muchas otras abrieron caminos en contextos donde su participación era cuestionada o directamente negada.

Sus aportes fueron, en muchos casos, invisibilizados o atribuidos a otros, pero su legado permanece

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Gracias a ellas, hoy sabemos que la ciencia no tiene género. Reconocer a estas pioneras es reconocer que el avance científico también ha sido resultado de la perseverancia y valentía de las mujeres que se negaron a quedarse al margen.

México cuenta hoy con una mujer científica al frente de la Presidencia de la República. Sí, la jefa del Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum Pardo, es una científica, académica y política mexicana, especializada en ingeniería energética y cambio climático

En la actualidad, la presencia de las mujeres en la ciencia es cada vez más visible. Participan activamente en proyectos de investigación, lideran grupos de trabajo y forman nuevas generaciones de científicas.

Pensar en las niñas es, quizá, el acto más importante de esta conmemoración. En cada niña que pregunta por qué, que observa con atención, que juega y se maravilla ante lo que no entiende, existe una semilla de curiosidad científica.

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Cuando una niña ve a una mujer haciendo ciencia no solo ve a una profesión, sino un espejo en el que puede reconocerse. Aprende que su voz, sus preguntas y su forma de mirar al mundo importan, y que la ciencia también puede ser un espacio para ella.

Por eso, cada mujer que hoy investiga, enseña o divulga conocimiento tiene el poder de inspirar y demostrar que la curiosidad, la inteligencia y la creatividad no tienen límites impuestos por el género.

Conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es reafirmar un compromiso colectivo para seguir abriendo caminos, reducir brechas y construir una ciencia más equitativa.

Esta fecha es también una invitación a inspirar, acompañar y motivar a las niñas para que encuentren en la ciencia un espacio donde sus ideas y sueños puedan crecer libremente.

Por DG

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