Dom. Sep 27th, 2026
La PTAR de Atotonilco de Tula genera biosólidos como subproducto del tratamiento de aguas residuales.
Comparte

El aprovechamiento agrícola de estos materiales permite recuperar suelos, mejorar la retención de agua y nutrientes y avanzar hacia un modelo de economía circular.

Lo que para una gran ciudad representa un residuo puede convertirse en un recurso para el campo. En Atotonilco de Tula, Hidalgo, los biosólidos generados durante el tratamiento de aguas residuales representan una alternativa para mejorar las condiciones de los suelos agrícolas.

La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Atotonilco produce, además de agua tratada, biogás y biosólidos. Estos últimos contienen materia orgánica y pueden aportar elementos que favorecen la fertilidad y estructura del suelo, así como su capacidad para conservar agua y nutrientes.

Su utilización forma parte de un enfoque de bioeconomía circular, en el que los residuos son aprovechados nuevamente para reducir su disposición final y generar beneficios productivos.

“Los biosólidos representan una oportunidad para avanzar hacia una agricultura más sostenible.”

Beneficios para las parcelas

El uso agrícola de biosólidos puede generar beneficios en diferentes ámbitos. En el terreno agronómico, contribuye a mejorar las características físicas del suelo y su capacidad para retener humedad y nutrientes.

Desde una perspectiva ambiental, permite aprovechar un subproducto del tratamiento de aguas residuales, disminuir los residuos destinados a disposición final y favorecer el almacenamiento de carbono en el suelo.

También puede generar efectos sociales y económicos, debido a las actividades relacionadas con su transporte, aplicación e investigación, además de proporcionar a productores un insumo orgánico de origen local.

Una planta de grandes dimensiones

La PTAR de Atotonilco de Tula destaca por sus dimensiones. La instalación cuenta con 161 hectáreas y representó una inversión superior a 10 mil millones de pesos.

Su operación comenzó en diciembre de 2017 y tiene capacidad para tratar hasta 60 por ciento de las aguas residuales de la Ciudad de México, procedentes de diferentes sistemas de conducción.

La infraestructura utiliza procesos biológicos y químicos para tratar el agua. Después de completar el proceso y realizar la cloración correspondiente, el agua puede destinarse a actividades agrícolas conforme a la normatividad aplicable.

El tratamiento también permite obtener biogás, utilizado para la generación de electricidad, mientras que los biosólidos pueden incorporarse a estrategias para recuperar terrenos agrícolas.

Economía circular aplicada al campo

El aprovechamiento de estos materiales plantea una conexión entre el tratamiento de aguas residuales y la recuperación de suelos. En lugar de considerar los biosólidos únicamente como un desecho, su uso adecuado permite reincorporar materia orgánica al terreno y contribuir a mejorar sus condiciones productivas.

De esta manera, la experiencia de Atotonilco de Tula muestra cómo una infraestructura destinada al saneamiento también puede formar parte de estrategias de agricultura sostenible y aprovechamiento integral de los recursos.

Por DG

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *